Lamine Yamal destaca la diversidad en el fútbol tras la polémica sobre la selección francesa
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Lamine Yamal destaca la diversidad en el fútbol tras la polémica sobre la selección francesa

La polémica sobre la nacionalidad en el fútbol

Lamine Yamal, jugador de la selección española, ha vuelto a posicionarse sobre la diversidad cultural en el fútbol. Sus declaraciones se producen tras la polémica generada por un artículo de Mariano Rajoy, expresidente del Gobierno español, quien afirmó que la selección de Francia era «sin franceses» antes del partido entre España y Francia. Esta afirmación, realizada el día anterior a la Fiesta Nacional francesa del 14 de julio, fue calificada de «estupidez o racismo» por el Elíseo.

La controversia ha reavivado el debate histórico sobre la nacionalidad en Francia. En 1998, la selección francesa, que ganó su primera Copa del Mundo, ya era un ejemplo de pluralidad con jugadores de diversos orígenes étnicos y culturales, acuñándose el lema «black, blanc, beur» (negro, blanco, árabe). Veintiocho años después, una nueva generación de jugadores franceses ha vuelto a poner de manifiesto esta diversidad.

La evolución del concepto de ciudadanía en Francia

Históricamente, el concepto de ciudadano francés ha evolucionado significativamente. Antes de la Revolución Francesa de 1789, el poder residía en el rey y el pueblo era súbdito. Con la Revolución, la soberanía pasó a la nación y se estableció el concepto de ciudadanía. La Constitución de 1791 reconoció como francés a todo nacido en el país, aunque distinguía entre ciudadanos «activos» y «pasivos» con derecho a voto. Para los extranjeros, se exigían al menos cinco años de residencia continua para obtener la ciudadanía.

La Constitución de 1793 fue más cosmopolita, eliminando las diferencias entre niveles de ciudadanos y facilitando la adquisición de la nacionalidad con solo un año de residencia, o de forma inmediata si se adoptaba un hijo, se casaba con un francés o se demostraban sentimientos hacia la causa revolucionaria. Este modelo se basaba en el ius soli, el derecho de suelo, que otorga la nacionalidad por el simple hecho de nacer en el territorio. Sin embargo, esta definición convivió con inestabilidad política y cambios constitucionales.

El Código Civil de Napoleón Bonaparte de 1804 redefinió la nacionalidad, volviendo al ius sanguinis, el derecho de sangre, transmitido por vía paterna. Un hijo era francés si su padre lo era, independientemente de su lugar de nacimiento. Los nacidos en Francia de padres extranjeros no obtenían la nacionalidad automáticamente, debiendo reclamarla al alcanzar la mayoría de edad y tras diez años de residencia. Este código, con reformas, sigue siendo la base jurídica actual.

A lo largo del siglo XIX y XX, se ampliaron los derechos de ciudadanía. En 1851, los nacidos en Francia de padres extranjeros que también habían nacido en el país fueron declarados franceses automáticamente. En 1889, una nueva ley atribuyó la nacionalidad a todo nacido en el país, incluso si sus padres extranjeros habían nacido fuera de Francia. La reforma de la ley de 1927 permitió a las mujeres francesas casadas con extranjeros conservar su ciudadanía, lo que facilitó la transmisión de la nacionalidad a sus hijos nacidos en el país y redujo el tiempo de residencia exigido para la naturalización a tres años, en respuesta a la falta de mano de obra tras la Primera Guerra Mundial.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el Código de la Nacionalidad Francesa de 1945 consagró el ius sanguinis y el ius soli como principios equivalentes. En 1973, se legalizó la doble nacionalidad. Actualmente, el Código Civil contempla varias vías para ser francés, siendo la principal el derecho de sangre. También existe el doble derecho de suelo, donde el hijo nacido en Francia es francés de origen si uno de sus padres nació allí. El derecho de suelo simple permite que alguien nacido en Francia de padres extranjeros se convierta en francés a los 18 años, siempre que haya residido en el país al menos cinco años desde los once. Para quienes no encajan en estos escenarios, la naturalización requiere generalmente cinco años de residencia previa, aunque este periodo puede reducirse en ciertos casos, y exige un nivel de idioma, ausencia de antecedentes penales y una entrevista de integración.

La voz de Lamine Yamal y la integración en el fútbol

Lamine Yamal, de 19 años, hijo de padre marroquí y madre guineana, ha destacado la diversidad cultural y de orígenes como un factor positivo tanto en la selección de España como en la de Francia. El joven futbolista ha afirmado que el fútbol es un ejemplo de integración. Esta no es la primera vez que Yamal aborda temas sensibles; meses atrás criticó cánticos racistas en un partido entre España y Egipto.

A pesar de su juventud, Yamal ha demostrado madurez en sus declaraciones, recordando que la selección es un reflejo de la España real. Su voz, a pesar de ser un adolescente, tiene un peso significativo en el debate sobre la integración y la diversidad en el deporte.

Lamine Yamal durante la rueda de prensa celebrada este lunes.
Lamine Yamal durante la rueda de prensa celebrada este lunes. Credit: lavozdegalicia.es

La posición de Yamal subraya la importancia de la integración en el deporte, un tema que ha sido relevante en el fútbol francés desde la Copa del Mundo de 1998.

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Source: lavozdegalicia.es

Elena Navarro

Redactora de deportes y actualidad futbolística en España.